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NI CASTIGO NI PREMIOS: ASÍ DEBE ACTUAR ANTE LAS NOTAS DE SUS HIJOS

Se acabó; el curso escolar allegado  a su FIN. Y con él, llegan las temidas calificaciones escolares. El final de curso debe ser un momento más de la vida del niño y por supuesto de la familia. No tire la casa por la ventana porque su bendición, su  heredero, le ha traído un rosario de aprobados ni monte un drama porque ha suspendido todas.

¿Castigado por suspender?

Antes de arremeter con furia contra su bendición, pregúntese si le irrita el suspenso en sí o si lo que realmente le lleva por la calle de la amargura es comprobar que su vástago no ha alcanzado las altas expectativas puestas en él. Ahora replantéese si no eran excesivas.

“A muchos padres les frustra enormemente el fracaso de sus hijos porque lo viven en persona. Proyectan sus frustraciones en sus hijos, como queriendo enmendar las metas no logradas en su infancia, pero en la persona de sus hijos. Otras veces sienten que son ellos los que han fracasado como padres, temen el qué dirán, más que la situación del menor. El problema es que no es su suspenso, sino el de su hijo. Agredir de forma inadecuada o plantear un castigo ejemplarizante para todo el verano no es la solución”.

Antes de nada, trate de entender cómo se siente su hijo con un rosario de asignaturas pendientes para septiembre. Por mucho que externamente afirme no importarle, la idea de fracaso desagradable. A fin de cuentas, quien carga con el suspenso es él, no usted. Actualmente la exigencia académica es muy alta. Los niños llegan a casa con muchos deberes, a lo que se suma que por necesidades de compaginar con el trabajo o por convertirlos en ‘cerebritos’ o en cracks del deporte, se les sobrecarga con actividades extraescolares. Así que, aunque al final los resultados no sean los deseados, ellos también llegan agotados a fin de curso”. E insisto: el castigo es contraproducente. Solo acentúa la sensación de ser un fracasado sin remisión.

¿Cómo plantear la recuperación?

Ante todo, no hacer un drama familiar. Es buen momento para que se plantee qué puede hacer usted para ayudarle. Debemos esmerarnos en la comunicación en este momento tan delicado. Que nuestro hijo sepa que, pese a las malas notas, se les sigue queriendo igual. También debe saber que él es capaz de aprobar, que no es un imposible, que confiamos en él.

Indica Fuentes: “Si se pone a hacer unos ejercicios de matemáticas, le acompañamos. Nos interesamos por lo que hace siéntese a su lado, pregúntele qué hace, que le hable del profesor, de su clase, de sus cosas. Aproveche para leer a su lado, o para hacer alguna tarea similar. No encienda la tele en la misma habitación, solo porque usted no ha de estudiar. Empatice con su hijo  “Y, sobre todo, dejar de competir con la vida a través del niño.

A veces los padres se enfadan, no tanto por el suspenso en sí, sino porque el hijo del vecino ha sacado mejores notas. Son personas altamente competitivas, viven todo como una carrera y sienten que están perdiendo la batalla”.

¿Premio por aprobar?

Los expertos tampoco recomiendan pasarse al extremo opuesto. El boletín de notas está repleto de sobresalientes. Usted se viene arriba y le compra una moto. O esa videoconsola que cuesta un ojo de la cara.

En el libro Atrévete a no gustar (Zenith), Ichiro Kishimi y Fumitake Koga recuerdan la postura del famoso psicoterapeuta Alfred Adler contra un sistema educativo basado en la recompensa y el castigo, que lleva a desarrollar estilos de vida erróneos en los que uno piensa que ‘si nadie va a elogiarme, no emprenderé la acción adecuada. Y si no van a castigarme, puedo emprender una inadecuada’. En otras palabras: el regalo de fin de curso no fomenta su sentido de la responsabilidad, sino que despierta la voracidad por el premio. Un monstruo que, en muchas ocasiones, crece sin freno, por encima, incluso de las posibilidades económicas de los padres.

“Los padres deben fomentar la responsabilidad en los niños. Estudiar es su deber como escolares. Aprobar es el resultado del esfuerzo”, se explica en el libro. La filosofía de Adler insiste en que hay que enseñar al niño a sentirse satisfecho por sus logros, no a buscar el éxito escolar solo para ser elogiado o premiado. “Eso solo fomenta una relación vertical entre el que elogia (que se sitúa en un plano superior) y el elogiado (el inferior)”. Algo así como una relación de dependencia: el niño estudia para que padres y profesores le digan lo bueno que es. Por aterrizar en mundo real, como si usted lavara el coche para que el vecino le dé palmaditas en la espalda por tener el vehículo que da gloria verlo.

Algunos psicólogos infantiles, no obstante, insisten en que no está de más reconocer ese esfuerzo del crío de forma manifiesta. “Un ‘pero qué bien lo has hecho’ y ‘me siento superorgulloso’ ya es una gran recompensa. Y le transmite al niño la certeza de que sus padres son conscientes de su esfuerzo. El resto del premio son las propias vacaciones, tendrán más tiempo libre para hacer lo que les gusta. No hace falta recurrir a un premio material

¿Cuadernos de vacaciones?

Una vez entregadas las notas y llegado el momento de las vacaciones, muchos padres consideran oportuno comprar cuadernos para que sus hijos practiquen lo aprendido o adelanten conocimientos del año siguiente.

No los veo necesarios. Desconectar es muy bueno. Y en caso de que suceda, para eso están los maestros del nuevo curso, para refrescar esos conceptos limite el uso de dispositivos digitales. “Cuanto más pequeños, más, cuenta el juego no estructurado. Los niños son muy primarios, dejarles jugar sin apenas cosas, les incentiva a desarrollar la imaginación. Más si hay otros niños, porque socializan. Es hora de correr, ensuciarse, mojarse o buscar bichos en el parque. Estarán trabajando destrezas sin apenas darse cuenta.

 

Aproveche el verano para reforzar  la relación con los pequeños.

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