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El proyecto de mercado de Lorenzo Carrasco

 

Gerardo Valdivieso Parada

 

Juchitán, Oax.-  Lorenzo Carrasco el arquitecto juchiteco más célebre, además de sus grandes proyectos en el país y el extranjero, tenía una visión a futuro de su pueblo natal, por ello cedió terrenos para la construcción del Instituto Tecnológico del Istmo y trazó dos fraccionamientos, en 1970 realizó un proyecto urbanístico para la ciudad que resumía su visión de una ciudad moderna: “Calificación del área urbana de la ciudad de Juchitán a propósito de la futura construcción de un nuevo mercado”.

Cuando se quemó el mercado se escucharon voces que pedían la demolición del palacio municipal por viejo y edificar en su lugar el nuevo mercado, se hizo necesario entonces la opinión del arquitecto que ya había construido durante la gestión Adolfo López Mateos la embajada de México en Japón, quien defendió así el edificio hoy dañado:

“El palacio municipal representa sin duda un elemento importante en la imagen de propios y extraños se han formado de la ciudad y en cierta medida constituye un símbolo de la ciudadanía juchiteca. Arquitectónicamente resuelve, con proporciones decorosas el carácter de las funciones municipales y una cuidadosa labor de restauración y acondicionamiento la rehabilitaría como centro de gobierno”.

En cuanto al mercado luego de expresar en el documento un estudio somero de sus zonas, vialidad, tipos de suelo y las actividades económicas no recomendaba erigirla en el mismo lugar como hoy se pretende hacer: “Pueden considerarse como buenos indicadores para elegir la zona oriente de la ciudad como la más conveniente para ubicarlo” escribió.

Entre sus razones técnicas destacan “la conveniente proximidad con las áreas urbanas mas propicias para la futura zona industrial, el pertinente alejamiento de las áreas inundables próximas al río, la creación de una arteria de transportación pesada que abatiría el congestionamiento del tránsito que se registra en el único acceso con que cuenta la ciudad”.

Pensó que alejar el centro administrativo y la zona comercial se transformaría en un beneficio porque crearía “una interesante plusvalía en las zonas de influencias, debidamente diferenciadas del mercado y el palacio”.

La ubicación del mercado era su punto eje porque con ello se podría realizar una correcta planeación del crecimiento de la ciudad y se evitaría lo que hoy padece que presagió en su estudio:

“La explosión demográfica se traduce, casi sin alternativa, en serios congestionamientos del tránsito urbano; en graves desajustes entre los servicios públicos existentes y las demandas que se originan y principalmente en una incontrolable elevación de la densidad de uso de suelo urbano”.

Cuando se da por hecho la construcción del mercado en el centro y se ha entregado esa tarea a la empresa del hombre mas rico del país, el arquitecto exigió en su proyecto un estudio muy detallado que se ha omitido en éste y en el de otro mercado que ha proyectado el actual Ayuntamiento:

“Un cuidadoso censo de locatarios, en donde se consignen los diferentes giros comerciales, sus exigencias de espacio, sus índices de incrementos y la versatilidad de los negocios  definirá las características arquitectónicas del nuevo mercado en cuanto a su capacidad, distribución y su funcionamiento interno”.

El proyecto que abarcaba nuevas vialidades, construcción de cuatro mercados zonales y cuatro museos fue rechazado en cuanto al mercado pues las locatarias se empecinaron en que se erigiera en el mismo lugar, el arquitecto propuso ir más allá del gusto de unos y otros:

“Su solución urbanística la determinará un estudio sobre el origen y destino de sus movimientos en relación tanto con las áreas inscritas en la ciudad como como con las que se localizan fuera de ella” propuso. Sus razones no tuvieron eco en las autoridades de entonces y con la construcción tácita del mercado en el mismo lugar en las actuales tampoco.

 

 

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