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Dueños de “Le Creperie” y “Las Galias” se regresan a Francia

 

 

Gerardo Valdivieso Parada

 

Juchitán, Oax.- Dalia Nadxiee Lii Rasgado y Mikael Brunel se conocieron en el Museo de Antropología de la Ciudad de México, ella venía de un viaje reciente de Europa y él venía a buscar su destino en México, nunca imaginarían que tiempo después acabarían en Juchitán casados y emprendiendo juntos una empresa que hicieron crecer a lo largo de casi 15 años. El sismo del 7S les ha obligado a iniciar nuevamente otra empresa pero de regreso otras vez al origen de Mikael: en Francia.

Llegaron a Juchitán en Julio del 2003 acondicionaron un local propiedad del abuelo de ella, y pusieron el primer negocio de crepas y cafetería, el pequeño local que ofrecía pasteles hechas por Mikael se llamó “Le creperie”.

Fueron días difíciles en el comienzo porque había pocos clientes, sin embargo en el pequeño espacio con sillas al aire libre conocieron a sus futuros compadres y amigos fieles durante su estancia de casi 15 años.

El café y las crepas no causaron tanto impacto que decidieron cambiar el giro del negocio y apostaron a algo más grande y riesgoso al iniciar en el primer cuadro de la ciudad un bar y restaurant de tres pisos que llamaría la atención y que atrajo a la clientela.

El corolario de su buena fortuna llegó con un hijo que no planearon, accidentalmente trajeron al mundo a un juchiteco que llamaron Gaelig, trabajando juntos iniciaron con otro bar, apostaron a algo diferente y la iniciaron como un espacio gay que denominaron M7 que se ubicó sobre la calle Hidalgo, no funcionaría al principio pero después dio frutos.

Después vendría Las Galias un restauran bar con cortes de carne que iniciaron en la avenida Efraín R. Gómez. Dalia tuvo todavía el tiempo de abrir una tienda de cosméticos en una esquina estratégica del centro.

Como hubo días de gloria también hubo tiempo de vacas flacas. De pronto tuvieron mas competencia: se abrieron más bares tratando de emular el éxito de la pareja, el alza de la renta, y los dos principales factores para el declive de sus ventas: los bloqueos y la inseguridad.

Con el tiempo cerraron el M7 que al igual que los demás negocios era atractivo para los asaltantes, después la tienda. Se mantuvieron por un periodo en los dos negocios atendiendo cada uno el suyo, hasta que hace dos años en La Crepería un comando entró y mató a dos comensales, fue la muerte del negocio que habían iniciado con puras crepas y café.

El sismo del 7S se encargó de terminar con Las Galias el último de sus negocios. Otearon el horizonte en Juchitán y vieron que pasarían muchos años para encontrar el ambiente de cuando llegaron con su primera ilusión, y ante la insistencia de los familiares de regresarse a Francia en donde recibirían la solidaridad para emprender otra nueva empresa decidieron abandonar la ciudad en la que invirtieron un gran pedazo de su vida.

Vendieron los muebles y sus pertenencias conseguidas en años de trabajo y con los boletos de avión ya comprados dijeron “au revoir” (adiós).

 

 

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