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Ante el desastre se levanta la tradición del xandú’

 

 

Gerardo Valdivieso Parada

 

Juchitán, Oax.- “Mi hijo ha llegado” dice con naturalidad Na Victoria cuando un fruto colgado de un arreglo del biguié’ cae al piso, sus palabras no tienen un tono de tristeza, las emite como si su hijo Rolando hubiera regresado de uno de sus viajes a Oaxaca, cruzando la entrada de la enorme casa para abrazarla, sonriente, como aparece ahora presidiendo el altar que se prepara para recibirlo de su reposo infinito.

Los señores que le dan los últimos toques al biguie’ tampoco se inmutan, la llegada de los difuntos a la tierra y sus avisos son conocidos, el todo santos de la cultura zapoteca está lejos del miedo y el espanto y hasta el horror de otras culturas, es una relación de respeto y veneración y hasta de compromisos, pues la visita de los muertos es reciproca se paga durante la semana santa con la ida a los panteones.

Desde la mañana los familiares y vecinos confeccionaron de flores la estructura de de delgadas tablas y luego la suspendieron frente al altar familiar, y escoltándola cuatro maderos que decoraron con arboles de plátano.

Esta práctica realizada por generaciones guarda elementos de la antigua cultura zapoteca, la intrincada forma del beedxe biguie’es la representación la tierra, como si sirviera de ventana para la llegada de los muertos y los cuatro horcones representa los cuatro esquinas del universo sostenida por cuatro jaguares, nos dice el historiador Víctor Cata.

Cuando todo está listo se preparan los tamales y el mezcal para esperar a los parientes, vecinos y amigos para el velorio en donde las mujeres llegan con flores y los hombres con su cooperación en dinero o limosna.

Na Margarita murió hace ocho meses a los 81 años, en vida se le conoció con el sobrenombre de Na Güera Paloma, aunque la casa en donde compartieron su vida se vino abajo su esposo Paulino que en la Quinta Sección es conocido coma Ta Pou Biiga’ (Paulino el zurdo) se empeñó junto con sus hijos en hacerle su primer todos santos con la ofrenda tradicional Biguie’ en el patio.

Aunque el altar familiar ya no existe porque en donde estuvo la casa ya ha sido limpiado de escombros, los hijos de la difunta levantaron con palos, lonas y lamina una pequeña casa improvisada a lado de la cocina que aún queda en pie, ahí erigieron un sobrio biguie’ con apenas lo indispensable para cumplir con el ritual.

Con el esfuerzo de Ta Paulino y sus hijos se logró por lo menos realizar tres rezos un poco menos de los reglamentarios del novenario, dos pequeños árboles de plátano con frutos, unas cuantas cañas, frutas, cocos y cempasúchil, tamales, café y refrescos para dar a las visitas.

Este sencillo biguie’ que es el armazón de flores, panes y frutos les costó alrededor de 8 mil pesos, un gran esfuerzo cuando se perdió la casa y los hijos también tienen sus propias carencias, pero todo para que la esposa y la madre encuentre en lo que fue su casa su ofrenda.

María Jiménez Vásquez murió hace seis meses, el sismo se derrumbó la que fue su casa y su horno la que utilizó en vida como panadera por lo que era conocida en Cheguigo Sur o Novena sección como Na Mariá Pan.

Su esposa y sus hijos le erigieron una ofrenda en una de las casas anexas que está en pie, en un pequeño cuarto en la que apenas hay espacio para sentarse reina un gran biguie’ con todo lo que la difunta gustaba.

Por supuesto no faltó el pan conocido como marquesote con su nombre en ellos, dos grandes arboles de plátano refulgentes de frutos, fruta en abundancia: manzanas, limas, uvas, manzanitas, en el piso y colgado en los pilares que hacen guardia al biguie’.

Sobre el petate de la ofrenda sobresalen una taza de chocolate batido, espumoso aún, acompañado de su “largo” el pan hecho con claras de huevo a punto de turrón, un tamal de mole, dulce de calabaza, una charola con botanas de fiesta: pescados cubiertos de aderezo, ensaladas, huevos de tortuga secos, chayote horneado y otros guisos.

El esfuerzo de la familia para dar “gusto” a la que fue matrona de la casa, presente todavía el dolor de su ausencia pues la hijas están de luto riguroso, les hizo erogar alrededor de quince mil pesos para cumplir con todo lo que manda la costumbre el novenario previo.

Por el desastre la hijas mandaron a hacer los tamales y no llamaron al tequio pues las vecinas están ocupadas en el derribo de sus casas y en otros trámites y tampoco lo anunciaron en el alta voz, para que los convidados sean los familiares y los amigos más cercanos.

Hay casas en pie que celebran el segundo todos santos de forma sobria con menos escalones de los reglamentarios. Otros no pudieron siquiera poner un altar porque no hay casa ni dinero para sufragar uno, algunos ni siquiera tienen esperanza de erigirlo el otro año.

 

 

 

 

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