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“El son se baila como se siente”: Arturo Velásquez

Gerardo Valdivieso Parada

Juchitán, Oax.- Para Manuel Arturo Velásquez Aguilar maestro de danza que fue director de la delegación de Juchitán a la Guelaguetza de 1990 a 1993, consideró un error que se privilegie la coreografía y marginar el verdadero sentir de los pueblos en la Guelaguetza.
Esto se verifica en las observaciones del Comité de Autenticidad a la delegación de esta ciudad registradas en el acta que circula en las redes sociales, cuando califican que las “líneas coreográficas son irregulares”.
“Cuando vas a una fiesta y ves cuando bailan los sones no es el reflejo de lo que se lleva actualmente a la Guelaguetza, que todo está alineado y bailan el mismo zapateado, yo cuando llevé la delegación incluí a personas mayores y a niños y no hice coreografía les enseñé a bailar los sones y nada más” recuerda el maestro.
Dijo no recordar en que año se cambió todo y ahora se hacen coreografías, pero nunca ha estado de acuerdo en que la grandeza del son se convierta en bailable: “El son se baila como se siente. Cuando lo llevé un año, el maestro Martín me hizo la recomendación de que las muchachas entrarán con un cántaro en el hombro y que menearan la cabeza como las del baile de la piña, por supuesto que no le hice caso”.
Velásquez Aguilar dijo que las observaciones de los integrantes del Comité Jaime Matus López y Jorge Emilio Pérez Arias demuestran su ignorancia de la cultura del pueblo zapoteco porque en cuanto a la observación “lo disparejo de los tocados” de las mujeres, opinó “pues claro que no van ser parejos o iguales, las mujeres se peinan de acuerdo a su edad”.
Para Arturo Velásquez hay una contradicción en el discurso de la Guelaguetza cuando se habla de que es un espectáculo y para ello esperan que todo esté coreografiado y alineado pero tienen un comité de autenticidad.
Lamentó que el Comité no tome en cuenta lo auténtico de los pueblos y observe cuestiones que nada tienen que ver con la tradición. Para él la ejecución de los sones y la danza debe ser el reflejo del entorno cultural del pueblo y la naturaleza y no atenerse al gusto de los extranjeros:
“Cuando era muy joven, yo representé al berelele (alcaraván) para un concurso de danzas prehispánicas, el maestro Macario Matus que era director de la Casa de la Cultura, me instruyó una semana y me hacia ver e imitar al berelele que estaba en el patio de la Casa de la Cultura, ganamos ese concurso, después nos fuimos a la estatal y ganamos”.

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