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“Mi lucha” de Hitler en una biblioteca de Juchitán

Gerardo Valdivieso Parada
Juchitán, Oax.- A más de 70 años de que se editaran millones de ejemplares y luego de volverse un libro obligatorio en Alemania durante el III Reich, un ejemplar de “Mein kampf” (Mi lucha) autografiado por Adolfo Hitler sobrevive en perfecto estado en la biblioteca de la Casa de Cultura de Juchitán.
En 1936 un joven militar originario de Niltepec, Alberto Ramos Sesma, viajó a Alemania como integrante del equipo mexicano de polo para participar en los juegos olímpicos de Berlín, organizado por el naciente gobierno nacional-socialista de los Nazis liderado por Adolfo Hitler, cuya figura cautivara a intelectuales como José Vasconcelos y el periodista José Pagés Llergo.
La delegación mexicana de polo encabezada por el coronel Alfinio Flores, perdió primero con Inglaterra 13-11. Dos días después los mexicanos cayeron 5-15 con quienes serían los campeones olímpicos: los argentinos. Los bravos jinetes mexicanos mantuvieron el orgullo nacional al obtener la medalla de bronce al ganar 16-2 a Hungría el 7 de agosto.
Aunque el fuhrer no saludó a los participantes en los juegos, porque no lo contemplaba el protocolo, Ramos Sesma perdió la oportunidad de saludar al máximo líder alemán, entusiasmado por estrecharle la mano, seguramente después de que leyó el reportaje que hizo Pagés Llergo sobre Hitler.
A todo ello se sumó la hospitalidad extravagante de los alemanes que querían mostrar a los extranjeros la recuperación del pueblo alemán luego de la derrota de la primera guerra mundial. Dentro de esa campaña estaban las fastuosas cenas organizadas por los cercanos al fuhrer como Joachim von Ribbentrop o el mismísimo Joseph Goebbels ministro de propaganda.
Tanto Ribbentrop que recibió a miles de invitados durante las dos semanas que duraron los juegos en su mansión de Dahlem lo que le valió ser nombrado embajador en Londres como Goebbels que no se quedó atrás pues ofreció una cena de gala al lado del lago Havel que incluyó juegos pirotécnicos para impresionar a mil invitados.
Si los jóvenes militares ganadores de la medalla de bronce no tuvieron oportunidad de tener cerca al jefe alemán en las fiestas de ambos funcionarios alemanes, tal vez la tuvieron durante las fiestas que ofreció Hermán Goring a quien se le atribuye la frase “cuando escucho la palabra cultura amartillo mi revolver” y segundo de a bordo en el régimen alemán quién sobrepasó a los anteriores con su extravagancia festiva.
En este ambiente en donde el régimen suspendió por las dos semanas su campaña de odio contra los judíos, por lo que los participantes en los juegos no vieron las vejaciones contra los judíos y otras minorías como se supo mucho después, los jóvenes admiraron a un país que resurgía de sus cenizas y que tres años después rearmado hasta los dientes iniciaría la segunda guerra mundial.
Mi lucha era un éxito de ventas en Alemania y aunque estaba traducido a otros idiomas Ramos Sesma adquirió el libro en el idioma original que lo había escrito Hitler, y en la primera oportunidad se acercó al jefe germano hablándole en su precario alemán para expresarle su admiración y por supuesto aprovechó la amabilidad del fuhrer para pedirle un autógrafo.
Luego de la derrota alemana obtenida con un costos de millones de vidas humanas y lo peor al darse a conocer las atrocidades del exterminio en los campos de concentración nazis, el libro de Hitler se volvió repelente y horroroso como si el libro hubiera sido forrado con la piel de un judío, como lo alimenta el mito sobre el holocausto.
Tal vez Ramos Sesma fue uno de los connotados donadores de libros que conformaron lo que un día fue la grandiosa biblioteca de la Casa de la cultura, que luego del daño del tiempo y del hurto solo sobrevive con algunos libros de los muchos valiosos que tuvo esta biblioteca.

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