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Nancy Hild la gringa que captó la luz de Juchitán

Su primera casa en Juchitán estaba sobre Álvaro Obregón entre las dos calles principales de la ciudad. Me dijo cuando tratamos de comunicarnos que de Juchitán le encantaba la luz, por eso había venido a trabajar por una temporada. Nancy estaba apenas aprendiendo español por lo que muchas veces no le entendía a cabalidad y cuando se daba cuenta que no captaba nada de lo que me decía por más que lo intentaba, decía ¡bah! Dejando caer su mano a la altura de su cara, luego encendía un cigarrillo para luego llenar su vaso con cerveza. Además de la luz de Juchitán le encantaban las caguamas, aunque realmente lo que le encantaban eran las cervezas Corona tamaño familiar. Vivía acompañada de “Bu” su pequeño perro. Vivió varios años en Juchitán teniendo que irse por temporadas a Chicago para atender sus asuntos.
Nancy amaba los animales, de su amor por los perros hizo una serie de pinturas de los callejeros de Juchitán. De ese compromiso de vida con los animales le venía tal vez el ser vegetariana. De su desapego por la carne recuerdo uno delos primeros cuadros que vi de ella, era una pierna de pollo encerrada en una capsula de cristal, había logrado hacerlo repulsivo al centrase en la textura de la piel o el pellejo de la pierna. Después de conocerla entendí el cuadro. De sus cuadros admiré el realismo que no llegó al hiperrealismo, porque su obra tenía un manejo de la luz sobre la pintura que iba más allá de la técnica. De sus imágenes de Juchitán existen pinturas de mujeres juchitecas, de sus enaguas y sus vendimias, de su bailar entre ellas. No tenía un ánimo folklórico. En su pintura de dos mujeres bailando abrazadas, mostró la gravedad con que las mujeres bailan, como si bailarán solas, porque generalmente las mujeres juchitecas no platican cuando bailan, están ensimismadas, en sus propios mundos. Nancy logró captarlo. Le llamaba la atención los aparadores de algunas tiendas de novias que ponían maniquís que no tenían nada que ver con el aspecto de las mujeres mexicanas, con pelucas rubias las enfundaban los trajes de flores bordadas. Las pintó pero no logró su objetivo de mostrar una atmosfera fría, falsa, al contrario aquella obra recogía la luminosidad que había adquirido de Juchitán, los maniquís adquirían vida.
Recuerdo que tuvo como uno de sus amigos al pintor Manuel Cabrera en el que influyó un poco. Aunque recuerdo que solía pintar en soledad. No usaba modelos, se auxiliaba de la cámara. En una ocasión cuando ya teníamos un tiempo de conocernos, se le ocurrió hacer una serie de fotos sobre ombligos. Recuerdo que esa tarde que me pidió que la fuera a visitar, no sabía como pedirme que me dejara pintar la parte de mi cuerpo. Accedí gustoso y servirle de algo alguna vez a mi querida amiga. Después de mi madre y algunas enfermeras Nacy Hild es de las pocas mujeres que me ha visto bajarme los pantalones.
Recuerdo que de fumar tanto le daban ataques de tos, pero fumaba gustosa y a veces hasta acabamos los dos fumando y tomando cerveza o vino, en la Creperie o en su casa. Después nos anunció que se iba, compartíamos en su casa Victor Cata y yo cuando nos lo dijo y nos invitó a pasar unos días en su casa de Chicago.
Después supe que vivía en Oaxaca. Nunca coincidimos. La última vez supe que le hacían una exposición homenaje. Y apenas unos día me dieron la noticia de su muerte. Recuerdo su risa de dientes amarillos y cachetes rosados. Sus besos cariñosos al saludarnos. Sus dedos con el cigarrillo. Ahora cuando visite la casa de unos amigos que le compraron sus cuadros cuando se iba de Juchitán, que casi se los heredó porque ella no las vendía a cualquiera, no se si pueda resistir soltar unas lágrimas.

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