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En 10 años hemos hecho visible el fenómeno migratorio: Solalinde

ALBERTO LÓPEZ MORALES
JUCHITÁN, Oax.- “Han sido 10 años muy difíciles. Hemos sorteados amenazas, cárcel y hostigamientos, pero también hemos visibilizado el fenómeno migratorio e incidido en políticas a favor de los derechos humanos”, rememora el fundador del albergue “Hermanos en el Camino”, el párroco Alejandro Solalinde Guerra, al celebrar el décimo aniversario de ese oasis para migrantes.
En la primera noche que el albergue abrió sus puertas, a unos 500 metros al norte del patio de maniobras de La Bestia, unos 400 migrantes centroamericanos durmieron sobre cartones tirados en el piso de tierra. El techo que compartieron fue el cielo estrellado que tenuemente iluminaba la única y pequeña casa de cartón donde Alejandro Solalinde guardaba libros, cafetera y vasos.
A 10 años de distancia, en el albergue construido sobre una hectárea y media que costó 350 mil pesos, los migrantes “sin papeles” procedentes de Guatemala, Honduras y El Salvador, principalmente, ahora tienen una capilla, dormitorios para hombres y mujeres, comedor y cocina, panadería, biblioteca, servicios médicos, jurídicos y área de refugiados.
“Han sido 10 años muy difíciles, pero tenemos nuevos desafíos por la política racista y xenofóbica del gobierno que encabeza Donald Trump. Creo que el gobierno mexicano debe ayudar a los migrantes de este país y de Centroamérica. Hay muchas tierras ociosas que podrían ser trabajadas por nuestros migrantes y los de CA que vayan a ser deportados”, dice Solalinde Guerra.
Como parte de los festejos por el décimo aniversario de la fundación del albergue construido en Ciudad Ixtepec, cerca de donde La Bestia maniobra para regresar sus vagones a Arriaga, Chiapas y se prepara para avanzar hacia Medias Aguas, Veracruz, Solalinde Guerra ofició una misa a favor de los migrantes caídos y de quienes han ayudado al sostenimiento del paraíso de los “sin papeles”.
En la liturgia, precedida por las mañanita ofrecida por 100 migrantes que llegaron caminando con los pies llagados desde Arriaga, Chiapas, porque desde el 2014 les impiden subirse a La Bestia, se escucharon testimonios de los “sin papeles” en los que destacaron la labor humanitaria del albergue que empezó a funcionar el 27 de febrero de 2007.
Habló el salvadoreño, José Abraham Barrera, de El Salvador, quien cayó del lomo de La Bestia en el año 2000 en Benjamín Hill, Sonora. Estuvo casi medio año en coma y tras su recuperación le tocó llegar esa noche del 27 de febrero a la apertura del albergue “Hermanos en el Camino”, de Ciudad Ixtepec, donde con todas las dificultades para caminar, ofrece sus servicios voluntarios.
Desde 2007, el albergue ha gestionado casi 500 visas humanitarias cada año a favor de los migrantes centroamericanos que han sido víctimas de asaltos, robos y violaciones sexuales. La visa permite que cada víctima de algún delito se quede un año en el país para que persista en su exigencia de justicia.
Con las políticas migratorias de Trump, México tiene una gran oportunidad para atender a sus migrantes y a los de Centroamérica, reflexiona el sacerdote Solalinde, quien agrega que debe aceptar e incorporar a los “sin papeles” del sur mexicano para que “como hombres trabajadores que son”, puedan trabajar las tierras ociosas que tiene nuestro país.
“No pienso ir a Estados Unidos. Prefiero quedarme en México”, dijo en su testimonio durante la misa conmemorativa por los 10 años de la fundación, el hondureño Julio César Rodríguez, quien ha preferido ayudar voluntariamente en el albergue desde que supo que la diabetes y otros males se habían apoderado de su salud.
“Sí, sabemos que vienen tiempos más difíciles. Pero creo que es una oportunidad para crear a la sociedad global, para que nazca el hombre universal para que ningún muro detenga nuestra identidad”, considera Solalinde Guerra, quien se dice hombre y pastor sin rencores, sin odios al evaluar los 10 años tan difíciles que ha vivido al frente del albergue para migrantes.
Hace 10 años, nadie le quería vender un pedazo de tierra a Solalinde. “Ahí van a vivir los Maras que pueden violar a tus hijas”, decían las autoridades a los dueños de las tierras. Un mes antes de comprar el predio a través de un matrimonio, el párroco fue enviado tras las rejas en la cárcel municipal. En junio de 2008 personas embozadas quisieron quemar el albergue.
“Han pasado 10 años. No han sido fáciles, pero han sido 10 años de misericordia de Dios que ha cuidado el albergue, a los migrantes y me ha cuidado a mí. Hemos visibilizado el grave problema de la migración en la frontera sur y hemos recibido amenazas, pero lo más importante es que hemos incidido a favor de los derechos humanos de los migrantes”, puntualiza Solalinde Guerra.

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