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Luna de hiel

Gerardo Valdivieso parada

Recuerdo que era lunes porque ningún cine estaba abierto en la ciudad que pisaba por primera vez. Como tenía que irme al otro día después de comprar lo que me habían encomendado: tinta, tarjetas, grapas, grabados de estaño y zinc, mi guía, al que me pegaba todo el tiempo como un perro faldero, se empecinó en buscar una sala abierta, para que no me regresará a Juchitán sin ver una película. Topamos con un cine sobre Tlalpan, porque desde el vagón el guía lo divisó y bajamos enseguida. Con mis 17 años la ciudad me parecía como una gran meretriz, ante la que me hubieran lanzado para mostrarme sus intimidades. La primera escena desde el taxi de la ciudad apenas salimos de la terminal TAPO fue cuando pasamos por Sullivan, vi con los ojos como platos a unas mujeres en bikinis negros de una pieza: ¿cómo podían soportar el frío de la ciudad con esos atuendos y toda la noche? Fue la pregunta que nunca hice a mi guía. Mi primer día en la gran Sodoma iba alerta a los coches, previniéndome de todo, subía a los camiones y los vagones con las manos en las bosas asiendo mi dinero y mi identificación como un ratoncito que se pega a una esquina.
Era de noche, la ciudad luminosa y oscura me fascinaba. Acababa de llover. En la taquilla compramos los boletos, en ellos estaba escrito el nombre de la película: Luna Amarga. Román Polanski, me dijo mi guía, era un afamado director y por tanto la película. En la primera escena un viejo escritor escribía en computadora portátil. Una imagen increíble, futurista, atípica. En 1993 escribía poemas y llevaba un diario. Escribía con lápiz 5B y luego pasaba en limpio con pluma. En mi escuela apenas si había computadoras y sólo nos habían enseñado a teclear “enter”. Cesar, el personaje que protagonizaba Peter Coyote, tecleaba frente a la máquina mientras la luz de la pantalla le iluminaba el rostro como el mío ahora. Me cohibía mi guía por lo que me mantuve rígido y sólo reí en una escena en donde Cesar, viejo y en silla de ruedas, grita emocionado: “qué fascinante El Titanic” ante el sacudimiento del crucero en que iba y ante el estupor de todos los viajeros del barco. En el buque también iban Nigel (Hugh Grant) y Fiona (Kristin Scott Thomas), a este primero Cesar cuenta sus recuerdos con Mimí y las escenas eróticas son fascinantes. Los primeros escarceos pasionales, luego los intentos por mantener la pasión y luego el abandono de él, al aburrirse de ella. De la venganza de Mimí recuerdo nítidamente la escena de baile con el joven bailarín de color delante de su marido paralítico. Esa fue mi primera película en una sala en forma.
A mi ya no me tocó el cine Juárez y el cine Lux lo recuerdo como un edificio abandonado. La primera vez que vi una película en una gran pantalla, fue cuando el esposo de mi tía Juanita y recién egresado del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM, Alberto Muenala, anunció que iba a proyectar una película en el Comité de Ta Rey. Mi tío era originario de Otavalo, Ecuador, era hablante del kichwa y tenía el pelo mas largo y cuidado que todas las mujeres de mi familia. Escapé de casa para ir a ver la película, imaginando escenas de indios peleando a flechazos pero lo que se proyectó era una película mexicana del cine de oro, creo que era Flor Silvestre. No la disfruté por la angustia de imaginar la recepción que tendría de regreso a mi casa y porque del cine nacional se veían películas diariamente por televisión. Doblemente triste fue esa experiencia en el cine por los cinturonazos o los chanclazos, mi mente tiende a olvidar mis recuerdos dolorosos, que me propinó mi padre o mi madre.
Mis siguientes recuerdos con la gran pantalla son en la Reforma Educativa la escuela donde cursé la primaria, eran de terror en la que el Santo se peleaba con monstruos que se transformaban en pleno cuadrilátero. Nunca me gustaron, prefería tomarme mi refresco Rey de fresa lejos de la pantalla, mientras me daba escalofrío el sonido del serrucho.
Cinco años después de Luna amarga volví a una sala de cine en la ciudad de México acompañada de mi tía Juanita Parada, la sala de Patio Universidad estaba a reventar y la película ya estaba a la mitad, también esa película me marcó. “¿Conoces a Jou Black?” lo vi sentado en los escalones de la sala, llegamos en el momento justo en que Jou Black (Brat Pit) se entregaba en su primer escarceo sexual con la carne de Susan Parrihs (Claire Forlani), la música me llevó al cielo y no me retorcí de placer nada mas porque mi tía estaba a mi lado. El padre de Susan Parrihs, Willian “Bill” Parrish representado por Anthony Hopkins es el gran director y dueño de Comunicaciones Parrihs, su vida tan intensa y exitosa es tan atractiva que la muerte se interesa por experimentar el periplo humano teniéndolo como guía. Me imaginé siendo Bill Parrihs comiendo un emparedado de cordero.

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