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La familia Reyes los últimos artesanos de las carretas en Juchitán

Roselia O. Martínez

JUCHITÁN, Oaxaca.- Elaborar carretas es un oficio cien por ciento de hombres, por la fuerza que se invierte en la construcción de todas las piezas que la integran. Además, se debe dominar el fuego, el acero y la madera, elementos básicos para lograr esta indispensable herramienta para el campo.

La elaboración de carreteras ya está a un paso de la extinción, primero por el abandono del campo; segundo, los campesinos pasaron de carreteas a camionetas. Esto llevó a que los fabricantes dejaran el oficio, menos dos personas en Juchitán: José Juan Reyes Luna y su tío José Reyes.

José Juan tiene 41 años, vive en la Octava Sección de Juchitán, a un lado de su taller está el de su tío. El oficio lo aprendió de su abuelo, desde los 9 años comenzó a estar en contacto con el fuego y las cinceladas en la madera en el taller familiar.

Hasta hace 20 años, según recuerda, existían por lo menos una docena de personas que se dedicaban a la elaboración de carretas o a la reparación de las ruedas en toda la región, aunque en Juchitán el taller de su abuelo era el único que combinaba la carpintería y la herrería, dos disciplinas ligadas al oficio.

“Pues poco a poco comenzó a extinguirse, no nos dimos cuenta, sólo sé que todo fue porque la gente dejó de ir al campo, guardaron sus carretas o las vendieron, otros simplemente cambiaron a las camionetas. El negocio cayó mucho, hoy sólo somos dos: mi tío y yo. No hay nadie más”, explica mientras muestra las piezas que integran una rueda.

Hace 10 años, José Juan elaboraba al año de 8 a 10 carretas. Este año apenas y llegó a dos, lo que le indica que los pedidos decayeron hasta en un 20 por ciento, por lo que considera que seguirá así hasta que dejen de fabricarse y se extinga el oficio.

La jornada comienza a las 07:00 horas de la mañana y concluye a las 19:00. La elaboración de una carretera de madera que es utilizada en toda la zona central del Istmo lleva un proceso de un mes, las reparaciones de las ruedas van de tres días a una semana, dependiendo del deterioro.

El duro trabajo se traduce en 14 mil pesos por carreta nueva que puede durar de 30 a 40 años, con reparación de las cintas de acero (soleras o cinchos) cada seis años por el desgaste o la oxidación. Las reparaciones llegan a cobrarse desde 800 a mil 500 pesos dependiendo de cuántas piezas se cambian.

Ante la escasez de trabajo, José Juan también elabora ruedas de carretas para uso ornamental, en este caso utiliza piezas viejas y recicla, por lo que el precio en el mercado es de mil 500 pesos, en caso de que algún comerciante le compre varias piezas para revenderlas fuera de la región el precio disminuye hasta 800 pesos.

“Tengo un señor de Oaxaca que viene a comprar las ruedas para adorno, pero siempre compra barato, hasta 800 pesos, y la verdad no sale ni la ganancia ni el trabajo”.

La elaboración comienza con la compra de dos tipos de madera; Tepehuaje y mezquite (por su resistencia). En muchos de los casos José Juan participa directamente en el derribo del árbol y los convierte en pequeños trozos que son utilizados para los “rayos” (piezas largas y delgadas que unen la base de la rueda con el circulo) y para lo que el llama la “piña” (pieza redonda que sirve de base de toda la rueda).

La “piña” tiene 13 pulgadas de largo y 10 pulgadas de diámetro. Se pule con una garlopa y se perfora con un taladro hasta dejarlo hueco, para después hacerle 10 pequeñas ranuras donde se incrustarán los “rayos” que miden dos pulgadas y media de diámetro y 17 y medio pulgadas de largo. Luego se arman todas las piezas hasta lograr la rueda de madera. En el siguiente proceso se coloca la rueda sobre dos tiras de acero que se conoce como “solera” que tiene dos y media pulgada de ancho.

Con una cuerda, la solera de acero se amarra a la rueda y se va flexionando hasta agarrar una curvatura enforna de U. El acero se coloca al fuego, sin saber cuál es el grado máximo de temperatura, José Juan determina que el acero ya está listo para moldearse a la rueda cuando se pone rojo. Lo saca con la ayuda de un trabajador y lo coloca sobre la madera previamente medido y con un marro va golpeando hasta que se ajusta.

El proceso más difícil es el encinchado por el calor del fuego. Después de lograr el ajuste, levantan la rueda de madera con el acero de base y le echan agua para enfriarlo, así de esa manera repiten la operación con todas las ruedas que requiere una carreta. El proceso final es el ensamblaje durante la última semana.

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